ago 29 2014

Don Carlos Osoro, acierto y esperanza

Guardo un afectuoso recuerdo del ya arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro, por lo que me alegré hoy al conocer la nueva de su elección por el Papa Francisco, esperada, sí, pero como todo en los asuntos humanos nunca realidad hasta no confirmada. No voy a extenderme aquí con presunciones de relación amistosa, pero si trasladar al lector mi cononocimiento de un prelado y un hombre cercano, de honda fe sencillamente, y firmemente, sentida y arropada por una inteligencia brillantemente humana. Ya dije en su momento que Carlos Osoro estaba llamado a más altas responsabilidades, bien es verdad que incluso pensando en Roma, y la sede capitalina en verdad lo es.

Tanto a la archidócesis de Madrid como a la Iglesia española les va a venir bien su ejecutoria. Por su pastoral intensa y cercana a los primeros, y por un efecto sosegante que espero tenga sobre las jerarquías de la segunda.

Creo que esta etapa, cuya prolongación natural sería, será, espero, la presidencia de la Conferencia Episcopal, traerá un poco de paz a la cara política del episcopado, que el anterior titular impregnó de una animosidad bronca, guerrera más que combativa y más tendente a procurar la discordia y el enfrentamiento que la concordia y el diálogo que se esperan de un pastor.

Hoy es un día de satisfaccion para muchos, de esperanza también, y no es el momento de entrar en reflexiones amargas. Pero no puedo por menos que desear que, de algún modo, la influencia sensata de Don Carlos imponga algo de cordura en esa sentina de odios, rencores, ausencia de virtudes y exceso de defectos, que es la ‘tele’ de los obispos.

En fin, desde esta Asturias que sé permanece en el cariño y el recuerdo del nuevo pastor de la grey madrileña, vayan mis mejores deseos para su persona y la inmensa labor que tiene ante sí. Con él, los desamparados lo serán menos.


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