mar 29 2010

La Peña del Urogallu, en Casa Fermín

Por Ignacio Sánchez Vicente
La Peña del Urogallu, muchos de cuyos miembros formaron parte de quella otra histórica de El Rutiu, cuyo anagrama fundacional es obra del escultor y pintor Manolo Linares ( y permanece expuesta hoy en día en la ‘milla de oro’ de La Goleta, el metro cuadrado más rentable de Europa, como señala a menudo el eminente cardiólogo Eduardo González, con las firmas de sus componentes, entre ellos varios buenos amigos ya, por desgracia, ausentes), la peña, decía, eligió para su comida mensual de este marzo de 2010 el céntrico restaurante Casa Fermín. Tras el oportuno tiempo de espera mientras iban llegando los más de 40 comensales renidos en esta ocasión, en el que se suceden los intercambios de pareceres y saludos efusivos, porque hay miembros de la peña que únicamente se ven con ocasión de las comidas y las residencias se distribuyen por todo el área central de Asturias, paso al comedor, amplio, con ese magnífico lucernario que sosiega la ingesta e invita a la sobremesa y la tertulia. El servicio, esmerado y atento, como corresponde a la dirección de ese acertadísimo matrimonio hostelero en el que se suman y complementan las muchas cualidades y capacidades de María Jesús y de Luis Alberto. Relacionar a todos los presentes sería largo a la hora de leer este comentario, y baste decir que la peña es como un modelo a escala de nuestra sociedad, con hosteleros, libreros, empresarios de muy distintas actividades industriales, bancarios, destacados miembros del clero, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, abogados, escritores, artistas…Únicamente destacar al presidente, el periodista Luis José Avila, y al ínclito Pepín Durán, alma pater y catalizador de amistades y ‘buen rollo’. Por primera vez vino a la peña el laboralista José Luis Bigoles, invitado por el joven y entusiasta Omar, actualmente impulsando nuevos proyectos empresariales.

Y ahora al grano gastronómico. El menú fue presentando al paladar de los comensales jamón ibérico de bellota, caramelos de morcilla dulce con salsa de cereza –los que gustamos de la morcilla asturiana los vemos, quizá, con menos simpatía, pero para el gusto general es indudable que son más acertados éstos, por tener menos potencia su sabor que si se usara la autóctona–. Después, el taco de salmón ahumado con yogur, aceite de vainilla y germinados, excelente en la pureza del sabor, pulpo rustido con crema de patata, ajos frescos y aceite de perejil –un servidor siempre repite en este plato, miagando un poco, como los gatos– y fabada asturiana: soberbia. Para los llambiones, postre de sopa de yogur con fruta y helado, y tres chocolates, otro acierto. El vino, o el cava para los que así los prefirieron, regaron el ágape. Satisfacción general y un excelente recuerdo para la memoria gastronómica de El Urogallo. Así que felicidades a Casa Fermín y mi recomendación a los lectores para que visiten el restaurante.


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