Fernández-Vega: el valor de una familia
Por Ignacio Sánchez Vicente
En más de 30 años de ejercicio de la profesión periodística, tuve numerosas ocasiones de conocer y tratar personalmente a varios miembros de la familia Fernández-Vega, de la que ya tenía firmes referencias –de generosidad en la atención médica a quienes no pudiendo sufragar sus honorarios si precisaban, sin embargo, su clínica– por razones familiares que hoy no vienen al caso.
En esos años, mi colaboración con un importante congreso nacional de Oftalmología y Patología Cérvico Facial me llevó a hacer amistad –cosa nada difícil, dado su carácter franco, bienhumorado e inteligente– con Luis Fernández-Vega Sanz a quien desde aquí, y a la familia toda, envío un fuerte abrazo y mi sincero pesar por esta pérdida, la de Luis Fernández-Vega Diego, que lo es, creo yo, de toda la sociedad.
De la calidad humana y profesional de don Luis se ha hablado sobradamente, y se seguirá escribiendo, estos dos días –también durante su dilatada y fructífera trayectoria vital–, así que sería presuntuoso, seguramente, que yo me extendiese en ello. Pero creo que no sobra comentar mi impresión durante estos años respecto a la familia en su conjunto.
Los Fernández-Vega, según mi percepción, se han sentido siempre, se sienten, profundamente vinculados a la sociedad en la que viven, a los avatares y vaivenes de la misma, y siempre con un trasfondo optimista, voluntariosamente planificado en términos de progreso, de mejora, de ir más allá y de poner en marcha ambiciosos proyectos que hoy hacen de Asturias, de Oviedo por supuesto, un claro referente en la oftalmología europea. Su compromiso con Asturias, así, se demuestra cada día, en un silencioso ir y venir de personalidades y conductores de opinión que, además de beneficiarse de sus adelantos en materia oftalmológica y clínica, acaban muchas veces enamorados de esta tierra a la que vuelven a la primera ocasión.
El mensaje está ahí. El Instituto Oftalmológico Fernández-Vega podría estar en cualquier gran ciudad de España, pero se mantiene, y crece y gana prestigio, aquí. En su tierra.
Además, de su talante colaborador con mil y una iniciativas, culturales, sociales en general, hay sobrados ejemplos como para llenar muchas páginas.
Esas son razones, para, en la hora de la tristeza, alegrarnos por el valor de la familia Fernández-Vega: son un auténtico patrimonio humano de Asturias. Gracias sean dadas por ello.


