oct 26 2007

OVIEDO TAMBIÉN TRIUNFA DE NOCHE

La entrega de los premios Príncipe de Asturias trae cada año a Oviedo a cientos de ciudadanos del mundo, unos por su relación con los premiados, otros por formar parte de los jurados y los más como enviados especiales de radios, periódicos y televisiones de todo el mundo, sin olvidar, naturalmente, a todo el discreto pero eficiente aparato de escolta, secretariado y apoyo logístico en general. Todos ellos, como es natural, combinan su presencia en la ya universal convocatoria con el disfrute de la cocina ovetense que, como capitalidad de la asturiana, se beneficia de un bien merecido y creciente renombre.

De la visita de los corresponsales a restaurantes y confiterías ovetenses han salido, colateralmente, no pocos reportajes y comentarios beneficiosos para la industria turística del Principado. Cocina tradicional, nueva cocina, todas tienen su oportunidad con un público conocedor y dispuesto a dejarse sorprender por los sabrosos platos que en Vetusta se preparan. Además, comentan el lujo de los locales, bien decorados, con ambientes muy cuidados, buenas vajillas y todas las comodidades dignas de su categoría.

Todo ello es cierto, pero no lo es menos que también en la noche Oviedo da la talla. Tras la cena, tomar unos refrescos o unos combinados es algo que suele apetecer a quienes se encuentran a grandes distancias de su lugar de origen, y en ese sentido encuentran locales con estilo, con ambiente, tranquilos, modernos, como es el caso del Top Ten, en la calle de la Lila, que Justo, su propietario y Manolo, el encargado –en la fotografía sirviendo un cóctel– tienen a gala que sea digno de acoger a cualquier visitante, por ilustre que sea. Atención esmerada –bombones incluidos–, charla sosegada, música selecta, aire acondicionado, buen rollo, como decían los jóvenes hace unos años, en el Top Ten se tiene además la ventaja de poder saborear cócteles, con o sin alcohol, algo muy difícil hoy en día en prácticamente toda Asturias. Manuel Méndez es un competente y experto barman, con 21 años de profesión en la mochila, buena parte de ellos en los pubs Windsor y Moncloa, además de su reciente aventura empresarial de reabrir el Martana. Para Manolo, la coctelería es un arte “en el que no merece la pena meterse sin dominarlo bien, porque el cliente quedará mucho más a disgusto con un mal combinado que si se le dice honestamente que no se preparan”. Y de su larga experiencia ha extraído otra conclusión, que tan importante como los contenidos son los continentes.Y para Justo, lo importante es la calidad.

25/10/2007


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