dic 13 2007

Dejáilos comer en paz

29/08/2007

Cuando la supuesta pandemia de les vaques llorines se desinfló cual nube de verano, dejó tras de sí una secuela de hambre y escasez de recursos para nuestra fauna más necesitada de protección, como las aves rapaces –no sólo los buitres–, los osos y muchos pequeños mamíferos, amen de miríadas de beneficiosos coleópteros, himenópteros y demás teros , privados de una fuente básica de alimento al retirar de la naturaleza las carcasas del ganado muerto, sin que tal medida parezca responder a necesidad alguna y sí más bien a rutina administrativa. Ahora hemos cogido la costumbre de retirar los grandes pecios de la fauna marina, fuente de proteínas necesarias para multitud de medianas, pequeñas y microscópicas especies, reduciendo así la muy aquilatada despensa de peces y crustáceos habitantes de la plataforma litoral.

No se critica aquí a los voluntariosos artífices del salvamento, o el intento de ello, de cetáceos o mamíferos marinos heridos y enfermos, ni tampoco la retirada de cadáveres de pedreros y playas con fines forenses. Pero ir a quitárselos, como quien dice, de la boca, ya parece demasiada ingerencia, total para no poder evitar la labor destructora de los grandes arrasteros ni el esquilmante y suicida sistema de exprimir los caladeros hasta el agotamiento de las especies.

Tanto en la tierra como en la mar. Sean vacas o marsopas. Dejáilos comer en paz, oh!


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