jul 29 2009

Regalos sospechosos

29/07/2009 IGNACIO Sánchez Vicente

LA VOZ DE ASTURIAS

Confieso que la ola de moralidad, moralina? con el asunto de los regalos me tiene preocupadísimo. Como el tema ya ha descendido al nivel de las anchoas, he comenzado a sospechar de todo y de todos. Ayer mismo, por la mañana, encuentro a mi médico de cabecera y me convida al café. Inmediatamente lo miro cejijunto, sospechando. Me habrá recetado una pomada defectuosa y querrá comprarme? En fin, me digo que no es para tanto y continúo la jornada, hasta que me llama un amigo de toda la vida y me dice que estuvo en el Alto Aller y compró una cecina –que sabe que me gusta– y que me deja un trozu en un bar de confianza. Sospecho. Querrá quizá ocultar algún romance? Habrá cometido un desfalco y no quiere que se publique nada? Ah! Sospecho. Horas después, como no llevo suelto para un botellín de agua, se lo pido a un colega y me lo deja encantado. Porqué? Qué siniestras intenciones lo animan? Así las cosas, me voy a comer. Sorpresa! Mi mujer ha preparado el plato que más me gusta: sopa de fideos finos con calamares en su tinta, y me ha comprado unos zapatos!. La miro con los párpados entornados. Sospecho. Qué me estará ocultando? Me habrá sisado de la cartera? Tendrá un amorío? Deberé rechazar los zapatos –ya que soy incapaz de tirar la sopa–? Qué día, Dios, qué día. Vuelvo al trabajo y encuentro un sobre con dos vales para una fabadona en una fiesta. La verdad es que me los mandan todos los años, pero por qué? Qué ocultas intenciones animan a la comisión de Festejos? Sospecho. Así, llego agotado al final de la jornada y me voy a tomar un agua mineral sin gas al café de la esquina. Pero me pido una caña. Y entonces sospecho de mí mismo! No hay derecho…


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