dic 31 2009

Las Aventuras de Pedro Menéndez de Avilés se presenta el lunes 4 de enero de 2010 en el Palacio de Valdecarzana

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El lunes, 4 de enero próximo, se presenta la novela “Aventuras de Pedro Menéndez de Avilés”, de Ignacio Sánchez Vicente, con ilustraciones del escultor y pintor Favila y editada por TOAC, con prólogo del presidente de la Fundación España Florida 500 años, Emilio Sánchez, además de representantes del Ayuntamiento de Avilés. El acto comenzará a las 20 horas en el Palacio de Valdecarzana y la entrada es libre.

 Palabras del autor en la presentación de la novela realizada en la Universidad de Alcalá de Henares:

 

En primer lugar, quiero agradecer a la Fundación España-Florida 500 años, y en especial a su presidente, Emilio Sánchez, el hecho de encontrarme aquí entre ustedes para presentarles, con las cubiertas aún calientes, la que es mi primera novela, basada en la apasionante vida de un ilustre asturiano, un marino, cartógrafo, militar y paisano, en el sentido que damos allá en mi tierra a la gente honesta, consecuente y valiente. Atributos éstos, por cierto, no tan frecuentes como se piensa, bien intencionada pero erróneamente, y que sí se fundían en la persona del conquistador de La Florida, Pedro Menéndez de Avilés.
 

De la novela en sí, como artefacto literario, nada les diré, pues el juicio que me importa es el suyo como lectores, que espero que lo sean,  aunque sí espero y deseo que más de treinta años viviendo la pulsión del oficio diario de escribir me hayan permitido ofrecerles una obra, cuando menos, digna.
 

Sí añadir, únicamente, que la novela es eso, una novela, y no un tratado histórico ni un ensayo, pues si bien se basa en hechos y personajes reales –y la vida de Menéndez los tiene sobrados—se han dado en ella alas a la imaginación, al ritmo ágil de la narrativa de aventuras, por mor de facilitar a los jóvenes de hoy, dicen que no muy versados en el oficio de leer –con las naturales excepciones—el acercamiento al protagonista de la misma.
 

Y anunciarles también que, siendo esta parte de la historia de mi interés preferente desde mi juventud, el haber vuelto a bucear en ella, ha despertado una nueva pasión que me movió a emprender dos nuevas novelas, sobre sendos y sorprendentes personajes cuyos nombres, por consejo de mi editor, van a permitirme no desvelar.
 

El hallazgo apasionante para mí fue ir descubriendo y recomponiendo la figura y vida de mi ilustre coterráneo, a medida que  buceaba en las fuentes históricas, sorprendentemente nutridas para quien, como ocurre con Pedro Menéndez, puedo afirmar que ha sido injustamente relegado en el glorioso podio de la gran aventura americana.
 

Seguir la trayectoria vital de un rapacín inquieto y aventurero, que ya a los ocho años hizo largas escapadas de la casería paterna en la que entonces era pequeña, aunque noble, Villa de Avilés, que antes de los 20 estaba al corso, capitaneando su propia nave y persiguiendo piratas por las procelosas aguas del Cantábrico y que llegó a mandar poderosas flotas –lo serían incluso en esta época–, además de conquistar y pacificar un territorio lleno de tribus hostiles y corsarios franceses rebeldes aún de su propio Rey, adentrarse en todo éste maravilloso universo, les decía, fue un viaje apasionante que desveló muchas noches, venciendo cansancios poderosos, y abrió a cada poco nuevas sorpresas.
 

Un viaje para imaginar, cuando la navegación marítima entrañaba largos períodos de tiempo, privaciones, hambrunas, infecciones, pestes, suciedad, ratas, indefensión ante las tormentas y falta de cartas e instrumentos precisos, el coraje que tuvieron que tener nuestros antepasados.
 

Así descubrimos a Pedro Menéndez en su plural personalidad.
 

El Pedro Menéndez excelente cartógrafo, piloto, ingeniero naval y hombre de armas.
 

El Pedro Menéndez fiel a su gente asturiana, a su familia, a sus amigos, con quienes siempre viajó acompañado por la mar océana.
 

El Pedro Menéndez ingenioso, que un buen día llenó su barco de manzanas para llevar oro oculto en la bodega a los ejércitos de Flandes.
 

El Pedro Menéndez hábil estratega naval, capaz de hacer caer a aguerridos filibusteros en encerronas que, por simples, parecen hasta infantiles.
 

El Pedro Menéndez justo, pero generoso. El hombre de honor que fue traicionado por las intrigas frailunas de la Casa de Contratación de Sevilla y que, injustamente encarcelado, se negaba a pedir auxilio al Rey, al Felipe II que tanto respetaba.
 

El Pedro Menéndez que, por bien de la pacificación de La Florida se casó con la hija de un Cacique Indio, luego bautizada doña Antonia, aunque ello contravenía sus acendrados principios religiosos.
 

El Pedro Menéndez que fundó la primera ciudad de origen europeo en Estados Unidos, poblada por colonos en su mayoría asturianos, por cierto.
 

El Pedro Menéndez al que la muerte, con solo 55 años cumplidos, interrumpió en su ciclo vital cuando se disponía a mandar la mayor flota armada en su tiempo.
 

Sinceramente. ¿Se puede pedir más en medio siglo de vida? Yo creo que no. Y que hay lecciones implícitas, valores sólidos, en esa trayectoria vital.
 

De todos esos Pedro Menéndez les habla esta novela. Si con ella hemos contribuido, siquiera un poco, a un mejor conocimiento y reconocimiento de su vida y hechos, me sentiré satisfecho. Si, además, a los lectores les gusta, me sentiré feliz.
Especialmente si, tras leer la novela, un joven se sintiera motivado por ir a conocer Avilés o San Agustín de la Florida , y por leer uno de los magníficos libros tan bien documentados del Cronista Oficial de Avilés,  Justo Ureña, donde encontrará la vida de Pedro Menéndez con gran rigor histórico. El objetivo, tanto de Editorial TOAC como del autor, fue desde un principio estimular entre los jóvenes españoles el  interés por el personaje.
 

 


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